Moisés, la transcendencia

agosto 30, 2009 under Relatos de Historia

M O I S E S,   La  Transcendencia

Monte del Sinaí, 1225 a. C.

 

N

adie le había seguido hasta allí, sólo ella. Se llamaba Sarah y aunque contaba quince años, era atrevida, valiente como un hombre y admiraba a Moisés, el venerable caudillo que había conseguido sacar a su pueblo del cruel cautiverio de los faraones egipcios. Sin embargo, Sarah, había sido feliz en Egipto, donde vivía en una hermosa casa con sus padres y hermanos, porque a ella no la habían tratado como a los demás esclavos, sino como parte de la familia y porque allí había conocido a Randú, el hijo del amo. En realidad puede decirse que había crecido con él. Los dos habían convertido sin darse cuenta sus juegos infantiles en juegos de amor y aunque ambos eran conscientes de que aquel sentimiento no debía existir entre ellos, no podían dejar de amarse. Sarah le había seguido hasta lo más alto del monte Sinaí, para poder hablarle a solas. Moisés era tan compasivo que siempre tenía una palabra de consuelo para todos y un consejo de padre, por eso siempre estaba rodeado de su gente y era muy difícil encontrarle solo.

Hacía semanas que espiaba todos sus pasos, esperando encontrar el momento en que pudiera dirigirse a él sin ser escuchada por nadie. Y así descubrió que cada día, muy temprano, cuando el sol aún no se había levantado en el horizonte, Moisés se encaminaba hacia lo alto de monte Sinaí para orar en soledad. Era su hora de conversación con Yahvé y nadie había osado nunca molestarle, sólo ella, Sarah. Se había debatido consigo misma durante mucho tiempo, hasta llegar a tomar esta decisión.

Sabía que aquello iba en contra de su religión y de su mismo pueblo, pero también sabía que Moisés podía, con toda su sabiduría y su bondad, comprender la llamada de su joven amor y que esta llamada era tan fuerte que Sarah debía seguirla.

Todavía era de noche, pero las estrellas comenzaban a palidecer. Él iba delante, tropezando de vez en cuando con su larga túnica y enjugándose el sudor del esfuerzo sobre la frente con el dorso de la mano y ella iba detrás, esbelta y ágil, brincando más que caminando, el cabello oscuro cayendo recogido en dos largas trenzas sobre la cintura de junco, escondiéndose tras las rocas cada vez que él se detenía a descansar, con miedo de que mirarse atrás y la descubriese. Cuando al fin Moisés llegó a la cumbre, el sol ya comenzaba a iluminar la línea del horizonte del desierto. A sus pies se extendían las tiendas de campaña donde dormían los hijos de Israel sus sueños de esperanza. Observó en silencio como se detenía y se hincaba de rodillas con el rostro mirando hacia lo alto y ella respetó en muda veneración la oración del santo varón.

Sarah era consciente de lo mucho que había sufrido su pueblo hasta que Moisés se convirtió en su caudillo y su guía. Durante generaciones, los israelitas habían errado nómadas de un lugar a otro, hasta que Abraham recibió la revelación de Dios, entonces sus sucesores, se instalaron en el Delta del Nilo, donde el faraón les ofreció establecerse y se difundieron con el pueblo egipcio sin mezclarse con ellos, conservado sus costumbres y creencias. Pero los judíos proliferaban en un número alarmante y los egipcios comenzaron a estar temerosos. Siglos más tarde comenzaron a ser perseguidos y esclavizados por ellos hasta el punto que el Faraón ordenó la muerte de los varones judíos recién nacidos. Para salvarle de la matanza, Moisés fue abandonado en el Nilo por su propia madre. Tenía tres meses de edad y fue encontrado por la misma hija del Faraón, que quedó maravillada de su hermosura y resolvió salvarle. Pero aunque fue educado en la corte no le fue ocultado su origen y nunca olvidó a sus hermanos israelitas. Le habían contado que en su juventud fue involucrado en el asesinato de un egipcio y se vio forzado a ocultarse.

Tras cuarenta años de permanencia en el desierto apacentando ganado, escuchó el mensaje del Señor y compadecido de la suerte de su pueblo, logró sacarlos de su cautiverio, dirigiéndose al mar Rojo cuyas aguas se apartaron milagrosamente a su paso. Sarah había presenciado el milagro. Moisés extendió su brazo hacia el mar y un viento impetuoso dividió las aguas quedando contenidas a derecha e izquierda, permitiendo así que los israelitas pasaran por medio de ellas. El ejército egipcio que iba en su persecución, se precipitó sobre ellos, pero Moisés había tendido de nuevo su brazo al mar y el ejército del Faraón quedó sepultado bajo las aguas.

Después de aquello todos creían en él y todos le seguían sin cuestionarse nada, guiados por la gran Fe que emanaba del sucesor de Abraham. Todos menos Sarah. Ella había sido sacada de Egipto a la fuerza, dejando tras de si a Randú, su amor, que permaneció observando su partida sin poder hacer nada para evitarlo. La muchacha le había hecho saber con su mirada que volvería y él leyendo su mensaje, le había contestado también con sus ojos que siempre estaría esperándola.

De pronto, algo la sacó de sus pensamientos. Era una gran luz que parecía surgir del lugar donde se dirigía la mirada de Moisés en oración y Sarah advirtió enseguida de que era distinta a la claridad del amanecer. Más que luz parecía una fuerza, como el estallido de un rayo, pero no quemaba, sólo hacía que todo resplandeciese. Sus mismos vestidos, a la vez que sus manos y sus piernas, parecían iluminados y el propio Moisés, inmóvil como una estatua, estallaba en resplandor. Sin embargo, no sintió miedo, sino que una profunda paz la invadió. Era un sentimiento extraño, distinto a ningún otro antes experimentado, algo que la alejaba de su propio Yo para conectar con todo lo que la rodeaba. Hasta el tiempo parecía haberse detenido, como si Moisés, ella y la misma montaña, formasen parte de la Eternidad. Y ya no tenía miedo de que él la viera, ni siquiera se ocultaba ante su vista, porque lo único importante en aquel momento era el mismo momento en sí, que lo abarcaba todo: el presente, el pasado y el futuro.

Cerró los ojos, incapaz de soportar más aquella fuerza luminosa. Cuando volvió a abrirlos, Moisés tenía dos grandes tablas de piedra en ambas manos y la luz había desaparecido. En su lugar se asomaba tímidamente el sol detrás de unas nubes, como asombrado también de lo que acababa de presenciar. Tuvo el convencimiento de que lo que había escrito en las tablas de piedra, era la ley que Dios había anunciado a su pueblo desde la antigüedad y comprendió que debía abandonar aquel lugar y dejarle solo.

Después de lo sucedido en el monte ya no se atrevería a hablarle, su amor por Randú, que antes le parecía tan grande, era ahora pequeño, porque aquel amor humano no era más que un reflejo del gran Amor Universal. Y Sarah se dio cuenta de que Dios sabía que ella también estaba allí y que al igual que a Moisés, le había hablado.

Aunque nadie lo sabría nunca, ella también había sido elegida por Él. Lentamente fue bajando la montaña, dejándole tras ella, en la misma posición en que lo había visto por última vez. Ya no volvería jamás a Egipto. Yahvé le había pedido que permaneciese junto a su pueblo y a éste le pertenecería en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte.

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Nueva categoría en Aula Magna: Especial Aula Magna

agosto 26, 2009 under Especial Aula Magna

Estrenamos nueva categoría dentro de la sección Aula Magna.

Se trata de la categoría que hemos llamado Especial Aula Magna:

Sabemos que te gusta leeer, por ello en esta categoría reseñaremos aquellas novedades bibliográficas sobre cualquier temática que aparezcan en el mercado bibliográfico.

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Nubia, la inconsciencia

agosto 26, 2009 under Relatos de Historia

 

N U B I A,   La  Inconsciencia

Egipto, 1.800 a. C.

 

 

A

unque no había nacido allí, Nubia se sentía feliz en aquellas tierras. Cuando la capturaron era casi una niña y apenas si recordaba su país de origen. Sus amos eran muy humanitarios, seguían al pie de la letra los mandatos sagrados del Libro de Los Muertos, donde se les decía que maltratar a los prisioneros de guerra era pecado y siempre la habían tratado muy bien, a ella y a todos los demás esclavos de la casa.


Sin embargo y a medida que fue creciendo, advirtió que no todo el mundo pensaba así. Había visto como esclavos públicos que no pertenecían a ninguna familia eran apaleados delante de todos. Trabajaban de sol a sol en la construcción de carreteras empedradas que servían para poder transportar sobre carros, enormes bloques de granito destinados a la construcción de las pirámides y le habían contado que durante la noche, esos infortunados esclavos, eran encadenados y quedaban bajo la vigilancia de unos soldados extranjeros, que al no entenderles no podían compadecerse de sus quejas.


Todo aquello la había confundido mucho y se sintió tan asustada al verlo que desde entonces decidió pasar los días en los jardines de sus amos, disfrutando con sus compañeras, del benigno clima de las orillas del río Nilo, sin querer pensar en lo que sucedía mas allá de las paredes de su confortable prisión.

Su amo pertenecía a la más alta nobleza faraónica y hacía tiempo que éste había partido a la guerra. Vinieron a buscarle muchos soldados con arcos y flechas y otros con lanzas y escudos. Él se montó en un carro de dos ruedas tirado por dos caballos, decorados también con brillantes colores y penachos de plumas y se alejó por el camino que conducía a las afueras de la ciudad. Nubia le vio marchar protegido con una armadura de tela, con bandas entrecruzadas de muchos colores y tocado con un casco cilíndrico que brillaba al sol. Toda la familia lloró su partida… pero de aquello hacía ya mucho tiempo.


Nubia pasaba alegremente los días de su juventud como una fruta que madura poco a poco al sol consciente de su belleza.

Le gustaba vestirse con mantos de telas ligeras y suaves que dejaban traslucir las formas naturales de su cuerpo y a veces se paseaba simplemente desnuda, dejando que el aire tibio que venía de las montañas fuese su único vestido. Pintaba sus uñas y sus labios de un rojo intenso y  avivaba el brillo de sus ojos con unas gotas de antimonio, a veces también daba unos retoques oscuros a sus pestañas para hacerlos parecer más grandes. Solía ir descalza como todas las demás esclavas y por ello cuidaba esmeradamente sus pies, pero pronto se  acostumbró a usar unas sandalias de cuero que su ama había comprado para todas a un mercader fenicio, aunque delante de ella siempre se descalzaba como prueba de respeto.


Nubia adoraba a su señora y
ella era quien se encargaba de peinarla personalmente y colocarle una oscura peluca oscura y rizada que la favorecía extraordinariamente.

Cuando su ama no la necesitaba, ocupaba todo el día en su arreglo personal y nada parecía interesarle a parte de sí misma. De hecho, así era como se comportaban la mayoría de las mujeres en la sociedad de Egipto. Los hombres juzgaban su frivolidad con indulgencia como algo intrínsecamente natural en un ser inferior, aunque, comparadas con las mujeres de países vecinos, las mujeres egipcias gozaban de una cierta consideración entre ellos.


Sin embargo un día su mundo pareció cambiar. Todos en la casa estaban muy tristes y comprendió que el amo había muerto en la batalla. También vio que sus compañeras lloraban mucho y que sus llantos, más que de tristeza parecían desesperados, hasta se dio cuenta de que murmuraban cosas entre sí, como si compartiesen un secreto que ninguna quería darle a conocer.

Llegó el día del entierro del amo. Según las creencias de su religión, el alma del muerto había subido al cielo para ser juzgada por el tribunal del dios Osiris. Una vez ante Él, debía declarar los pecados no confesados en esta vida. Habían momificado su cuerpo y ahora lo llevaban a la tumba familiar dentro de un sarcófago pintado con la propia cara del difunto. Ka, su espíritu, debía permanecer a su lado, pero para ello el cuerpo debía conservarse intacto, de otra forma se disolvía junto con los despojos mortales en los que había habitado.


A Nubia la obligaron a salir de la casa junto con sus compañeras de juegos y demás servidumbre y unirse a la larga y fastuosa comitiva. Los sacerdotes llevaban puestas las máscaras que correspondían a sus dioses. El  ibis, el buitre, el gato, el buey, el cocodrilo y avanzaban solemnes en vanguardia; después venían los carros tirados por los caballos, engalanados y cargados con las provisiones y los objetos de uso personal ya que, según sus creencias, Ka tenía las mismas necesidades en la vida que en la muerte. Más atrás iban los Escribas con sus papiros bajo el brazo, donde estaban escritos los libros sagrados, puesto que el amo iba a ser enterrado conforme a su  alto rango…

Al cabo de muchas horas de marcha, la gran Pirámide comenzó a verse a lo lejos con sus cuatro ángulos señalando los puntos cardinales del cielo. A ambos lados del camino se extendían las esfinges, enormes y silenciosos  fieles guardianes de la tumba, que parecían mirarla de un modo muy extraño, como para advertirla de un peligro desconocido. Nubia comenzó a sentir miedo.


Llegaron frente al enorme monumento, las puertas
gigantescas se abrieron y poco a poco la hilera humana fue engullida dentro de la descomunal piedra que parecía querer tocar al cielo con su vértice. Nubia fue la última en entrar y entonces comprendió. Horrorizada intentó dar media vuelta y salir huyendo, pero los grandes muros de la tumba ya se habían cerrado tras sus espaldas.

Su mente comenzó a girar rápidamente planteándose cosas que jamás había pensado, se daba cuenta que quizá debía haber intentado vivir de un modo distinto… quizá debió ser curiosa y averiguar algo más sobre la vida que se abría mas allá de su jaula de oro… quizá debió intentar huir… pero ya era demasiado tarde… En el oscuro vientre oscuro de la tumba de su amo ya nadie más volvería a ver sus mirar sus hermosos ojos ni sus las bellas formas de su cuerpo cubiertas de sedas perfumadas. Miró aterrorizada a sus compañeras de infortunio que a su lado sollozaban con amargura y comprendió entonces cual era el secreto que nadie había querido compartir con ella, pero no lloró. Se acurrucó en un rincón de la estancia iluminado por las antorchas que poco a poco se debilitaban por la falta de oxigeno y esperó la llegada de la muerte con serenidad.

Había aceptado su destino. No había vivido como una auténtica mujer pero moriría como tal.

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Zur, el arte

agosto 24, 2009 under Relatos de Historia

 

Z U R,   El  Arte

Dordogne, prehistórico, 15.000 a.C.

 

 

Z

ur estaba sentada a la orilla del río, el agua corría limpia y transparente y ella observaba fijamente las piedras del fondo. Hoy había vuelto a ver a su madre enferma, pero ella no le había cogido las manos, ni de sus labios habían surgido los dulces sonidos que la hacían sentirse querida. Aquel día su madre estaba quieta, inmóvil, estirada en su lecho de pieles de oso y sus ojos no la habían mirado ni parecían mirar a ninguna parte.

No comprendía que le podía pasar a su madre, hasta el color de su cara curtida por el sol había cambiado y su piel le recordaba a la cera de los panales de las abejas. La había tocado casi con miedo y estaba tan fría que enseguida retiró su mano asustada. Su madre no parecía la misma de siempre. Habían llamado al hechicero para que la viese pero a Zur la asustaban los tatuajes con los que cubría su cuerpo y sus dientes afilados como puntiagudos estiletes. Se había ido a pasear para no verle y estar a solas con sus pensamientos.


Zur era muy joven, casi una niña, su cuerpo atlético estaba rematado por largas piernas que la pequeña falda hecha de hojas entretejidas dejaban al descubierto y su seno desnudo estaba aún poco desarrollado. Tenía el cráneo alto y anguloso, aunque más bien pequeño, la nariz afilada y la frente abombada.

    
Vivía con su extensa familia, padres, abuelos y numerosos hermanos, en una choza construida con troncos de árboles, ramaje y piedras, bajo los salientes de
unas rocas y en la pendiente de una montaña no lejos del río. Era una buena morada, orientada al sol y protegida del viento, un cobijo seguro para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Estaba rodeada por otras chozas cercanas similares donde vivían numerosas hordas también emparentadas con las suya. Todas tenían un corral anejo al descubierto y pequeños silos para los recipientes de grano y frutas desecadas.

Su padre y todos los demás hombres eran cazadores, como todos los padres y demás hombres de las viviendas vecinas. Cazaban en común, empleando en ello, venablos, lanzas y unas enormes porras, preparando trampas en el suelo mediante fosas recubiertas de hojas. A ella nunca la querían llevar de cacería, pero su hermano Tor se las explicaba.

Su madre, los niños y todas las mujeres de la familia dedicaban el día la recolección de frutos silvestres, raíces y huevos de nidos que los pájaros ponían en los árboles y también a la caza de reptiles, roedores y aves, como todas las madres, mujeres y niños de las demás viviendas.

Pero a pesar de vivir próximos los unos de los otros, todos trataban de salvaguardar su propia intimidad y nadie se sentía miembro de una manada, como los animales. Defendían su aislamiento y reposo tras las agotadoras jornadas en busca de alimento, jornadas que ocupaban todas las horas del día, desde que amanecía, hasta que se ponía el sol.

Ella siempre se había sentido feliz y segura rodeada de los suyos, incluso en la estación fría del año, en las que todas las familias se refugiaban en las profundas cuevas. Entonces su padre y hermanos mayores construían muros de protección en la entrada para guardarles de las fieras y del frío intenso y las mujeres se dedicaban a la conservación del fuego que calentaba la cueva y era indispensable para su existencia. Ocupaban una gran habitación que recibía luz exterior. Allí habían nacido ella y todos sus hermanos.


Recordaba como los hombres habían pintado en las paredes de piedra y a la luz de las antorchas, el contorno de sus propias manos, para advertir a los espíritus de la presencia de seres vivos en el interior y se abstuvieran de visitar la cueva. También habían pintado las siluetas de muchos de los animales que cazaban, pues todos creían que al plasmar la acción deseada la imagen atraería la realidad. Utilizaban grasa animal, huevo o sangre y los aplicaban con los dedos o soplando con la boca. Los colores eran tan brillantes, que la luz al proyectarlos sobre las irregularidades de la superficie, le daba una asombrosa sensación de realidad, creando tal impresión de vida, que el jabalí, el bisonte o el ciervo dibujado parecían salir de sus planos y convivir con ellos en el interior de la cueva. Nunca se pintaban a ellos mismos para evitar ser reconocidos y recibir los efectos de la magia de destrucción que afectaba a todos los seres allí representados.

Recordaba especialmente un caballo, cuya silueta se destacaba por su belleza de los demás, su preferido. A ella también le hubiera gustado pintar, pero las mujeres debían de ocuparse de otras cosas y esto la ponía triste, tanto, que un día su hermano Tor, para consolarla, capturó un caballo igual al que él había pintado y se lo regaló.

Vivieron tanto tiempo en la cueva, que desconocía la existencia del sol, de las montañas y de los árboles, pero como no los conocía tampoco los encontraba a faltar. Cuando el frío cesó y la nieve se deshizo, todos volvieron a salir al exterior y entonces Zur hizo maravillosos descubrimientos… podía cabalgar por las inmensas llanuras y bañarse en el río a la luz del sol… todo era nuevo y estaba lleno de misterio, un misterio que ella iba descubriendo poco a poco, a la par que su cuerpo crecía y se desarrollaba.


A veces sus hermanos la llevaban a dar largos paseos en canoa por el río y mientras capturaban truchas y lucios con sus arpones ella se bañaba y jugaba con el agua.

Pero aquel día no había nadie allá, el río estaba desierto y Zur tampoco deseaba bañarse. Todos estaban en la casa al lado de la madre, su extraña madre, tan quieta, tan blanca, tan callada, como poseída de un extraño sueño del que parecía no poder despertar.

La madre era objeto de veneración por parte de todos, ella aseguraba la continuidad de su grupo aportando periódicamente nuevos hijos y determinaba la pertenencia a la familia, pero Zur quería a su madre por otras razones, porque era suya y porque se sentía protegida y segura a su lado.

No conocía aún la muerte porque no había visto morir a nadie todavía, si alguna vez desaparecía uno de los hombres después de las largas jornadas de cacería, nadie le explicaba porque no había vuelto con los demás, simplemente desaparecía.

Sin embargo la idea de la muerte no podía pasar inadvertida por un espíritu dotado cada vez de más conciencia.

- Quizá la muerte fuera la entrada al reino de un sueño extraordinariamente largo – pensó – y si era así… ¿cuanto tiempo dormiría su madre?..


Abstraída en sus pensamientos y confundida con los sentimientos que nacían de ellos, le pareció que una de las piedras del fondo del río le recordaba la silueta del caballo que semanas antes había capturado para ella su hermano Tor, alargó la mano y la cogió, aunque para hacerlo tuvo que hundirse hasta las rodillas en el agua.

Estuvo contemplando la piedra durante mucho rato fascinada, se dio cuenta de con unos simples retoques podía representar la crin, el ojo y la cola del hermoso animal. Miró a su alrededor tratando de encontrar un elemento que le pudiera proporcionar el color deseado y localizó unas piedras de pizarra, después las frotó unas contra las otra con vehemencia, hasta obtener un polvillo oscuro que mezcló con el agua, consiguiendo una especie de pintura en la que untó su dedo y con él dio a la piedra los retoques necesarios para que tuviese el aspecto del caballo rojo de negra crin.

Miró su obra con ojos críticos y se sintió satisfecha. Imaginó a su madre montada a lomos del caballo que había creado y después sintió que ambos cobraban vida y emprendían un galope veloz.

Algo húmedo cayó por sus mejillas, no era la primera vez que ocurría y aunque no comprendía bien por qué, ahora se sentía mejor. Había vuelto a ver a su madre tal y como la recordaba antes, hermosa, feliz, sonriente y le pareció que le trasmitía todo su amor y le decía que no debía estar triste. Había emprendido un viaje muy largo y aunque no podía llevarla consigo, algún día vendría a buscarla.

Se incorporó y se encaminó con rapidez hacia la vivienda de sus padres, sus pies parecían tener alas, llevaba la piedra rescatada del fondo del río apretada contra su corazón. 


Zur atravesó la llanura y trepó por la montaña, ya no se sentía triste ni confusa, había podido expresar su dolor y éste había quedado impreso en aquella piedra para siempre.


Había descubierto el arte… había nacido la artista…

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Nuevo: Catarismo, el chat

agosto 16, 2009 under Novedades

Ya tenemos “chat” en Catarismo, el sitio.

A partir de hoy, podremos encontrarnos, hablar, comentar, y todo aquello que queramos, de una forma más personal y directa.

Otro de los objetivos del chat es la posibilidad de poder realizar alguna conferencia o charla específica en directo.

Intentaremos traer algún autor, escritor o historiador, versado en el Catarismo, en la Edad Media y en otros temas relacionados, de forma que el chat se convierta en una de las herramientas más vivas del sitio.

Esperamos que se convierta en el complemento ideal de la página web, y sea un lugar de participación y comunicación.

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Nueva sección; Relatos

agosto 12, 2009 under Novedades

 

Hoy estrenamos nueva sección. La sección de Relatos.
En esta sección se publicarán relatos enviados por nuestros amigos y colaboradores.

Y la estrenamos con un relato de lujo, Marguerite, el presentimiento.
Enviado por una nueva amiga del sitio, Gloria Corrons, artista polifacética, que escribe, pinta, compone y toca el piano.

No dudes en enviarnos tus relatos, novelas, ensayos o poesías. Todos tienen cabida en esta nueva sección que esperamos podàis disfrutarla, al menos, tanto como nosotros al publicarlos.

Los contenidos que quieras publicar nos los puedes enviar por correo a: Catarismo, el sitio

Consulta las distintas categorías en las que se van a publicar los relatos.

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Marguerite, el presentimiento.

agosto 12, 2009 under Novela corta de catarismo

Marguerite. Obra de Gloria CorronsMarguerite dio un paso hacia adelante haciéndose visible de entre el grupo de gente de diferentes edades y sexos que abarrotaba la gran sala de reunión.

- ¿Quieres someterte a nuestra fe? – preguntó el ministro.

Era casi una niña y arrodillándose respondió a la pregunta afirmativamente, entonando después un Benedictine con su voz todavía infantil.
Cuando hubo terminado el ministro repitió por tres veces:

- Dios te bendiga – alejándose más de la iniciada en cada una de ellas .

- Rogad a Dios que me haga una buena cristiana – añadió Marguerite con emoción, a lo que el ministro respondió solemnemente.
- Plegue a hacerte una buena cristiana.

Y seguidamente, comenzó a formularle una serie de preguntas rituales, a las que Marguerite fue contestando sin vacilar.
- ¿Te sometes a Dios y al Evangelio?
- ¿Prometes no comer carne, huevos, queso, ninguna otra cosa que no sea de agua o de madera?
- ¿No mentirás?
- ¿No jurarás?
- ¿No matarás ni aún a los becerros?
- ¿No contaminarás tu cuerpo con la lujuria?
- ¿No irás sola, cuando puedas tener compañía?
- ¿No comerás sola pudiendo tener comensales?
- ¿No te acostarás sin calzas ni camisa?
- ¿No abandonarás la fe, por temor al agua, al fuego o algún otro suplicio?

Una vez contestadas todas las preguntas, la asamblea, que había escuchado en silencio las respuestas de la nueva iniciada, se arrodilló a su vez y el sacerdote puso sobre Marguerite el libro de los Evangelios leyendo el principio del de San Juan.
Al terminar, la besó tres veces en las mejillas y colocó sobre su cuello un hilo de lana y lino que jamás debía quitarse.
Seguidamente, se dirigió hacia los reunidos y fue besándoles uno a uno también por tres veces consecutivas, mientras éstos se estrechaban las manos entre sí como símbolo de paz.
Después todos abandonaron el lugar de reunión. Los congregados allí aquel día, a pesar de su diversidad, estaban unidos por una creencia común, y eran conocidos con el nombre de cátaros. No obedecían al Papa, ni a los ritos de la Iglesia, de la cual eran sus más poderosos enemigos. Menospreciaban el símbolo de la Cruz, el culto y sus templos, negaban el purgatorio y el pecado venial. Tampoco creían en el poder estatal y habían constituido una organización que abarcaba gran parte de Europa, llegando a atacar con sus atrevidas prácticas los cimientos de la sociedad. Sus doctrinas tenían su origen en el mazdeísmo persa basado en el antagonismo entre los dos principios, lo bueno y lo malo, creador el primero de la materia y el segundo de las almas que transmigraban en vidas sucesivas de un cuerpo a otro hasta llegar a la salvación. La materia era pues la causa y la sede del mal y guiados por este sentimiento ascético rechazaban las posesiones materiales.

Marguerite, después de la ceremonia, se sentía especialmente contenta, ya que por su corta edad había sido el último miembro de su familia en convertirse al catarismo.
Aunque no comprendía muy bien toda la trascendencia de aquel paso, sabía que aquello significaba que había dejado de ser una niña y se sentía mucho más importante que el día anterior en la que todavía no era una iniciada.

Más tarde todos se reunieron en la casa familiar para celebrar con una gran comida el acontecimiento. Comulgar con el pan de Cristo era para los cátaros un hecho cotidiano, ya que solían acercarse a la Eucaristía cada vez que comían en compañía de otros, pero para Marguerite aquel hecho tenía una significación especial, pues representaba la primera vez que tomaría el pan y el vino consagrado.
Reunidos alrededor de la mesa, se hallaban su padre y su madre, que junto a una selecta minoría cátara, pertenecían a la categoría de los perfectos y vestían totalmente de negro. A su lado se hallaba su hermano Simón y algunos parientes y allegados que como ella, todavía no habían trascendido el estado de los iniciados. Cuando todos hubieron tomado el sitio reservado para cada uno, tuvo lugar la confesión general de los pecados.
El convidado de mayor edad, una mujer de muchos años, tan arrugada como una ciruela desecada, cuyo parentesco con la familia, si es que lo había, se perdía en el tiempo, comenzó a recitar uno a uno el nombre de los presentes y después y a la vez todos los reunidos, repitieron la fórmula ritual:
- Confesamos ante Dios y ante vosotros que hemos pecado mucho con palabras y obras, con la vista y con el pensamiento.
Tras haber hablado, todos inclinaron sus cabezas para recogerse en contrición durante unos momentos. Aunque sabía que no le estaba permitido hacerlo, Marguerite, levantó los ojos y los miró a todos mientras rezaban: quería guardar en su memoria y para siempre aquel momento trascendental en su vida.
Al hacerlo su mirada tropezó con la de su prima Solagne, una adolescente aproximadamente de su edad y ambas, con la complicidad que da lo prohibido, tuvieron que hacer grandes esfuerzos para contener la risa. Ajena a aquel incidente, la anciana indicó a los presentes que se sentasen permaneciendo ella en pie, entonces y con gran ceremonia tomó de sus manos el pan del interior de una cesta adornada con flores, mientras decía en voz alta:
- Grata domino nostri Jesús Cristo cum onnibus vobis..
Y acto seguido lo partió distribuyéndolo entre todos. Después hizo lo mismo con el vino, dando de beber a todos los comensales del gran cáliz, para cumplir aquel precepto del Evangelio de las palabras de Jesús: Haced esto en memoria mía. Comieron y bebieron, dentro de la austeridad de sus comidas, pues los cátaros no comían carne de ningún animal, ni tampoco sus derivados.
Marguerite, compartió la animación general, era la protagonista de la fiesta y aunque sabía que no podía caer en el pecado de la vanidad, aquel día le hubiera gustado estar radiante, pero la naturaleza había sido tan pródiga con ella, que no le hacia falta desearlo para ser la muchacha más bonita de toda la región del Languedoc.
Allí había nacido sin salir nunca de su tierra: una tierra hermosa y llena de sol, próspera y cordial, donde se había configurado un clima político muy distinto al que imperaba en el norte de Francia, porque los señores feudales fomentaban las artes y la cultura, se protegía a los trovadores y los movimientos religiosos se desarrollaban rápidamente al amparo de una legislación liberal.
Sus padres, a pesar de no estar legalmente casados pues según la religión de los cátaros, bastaba con el consentimiento de ambas partes para formar una familia, eran una pareja estable y feliz. Su hermano Simón y ella misma nunca habían sido bautizados y sin embargo la niña había respirado un aire de espiritualidad y una pureza de costumbres rayando el ascetismo.
Todos en el pequeño país vivían alegremente en contra de todo lo establecido por el Papa y el número de adeptos a aquella forma de vida diferente iba aumentando día a día. Esto, en una época en la que los religiosos estaban sumidos en la más terrible corrupción, era sumamente arriesgado. Semejante conducta resultaba molesta para la Iglesia de Roma, a la que los cátaros denominaban una congregación de malvados. Pero los presentes en aquella feliz y reunión de paz no se daban cuenta del peligro..

Después de comer, Marguerite y su prima Solagne pidieron permiso para levantarse de la mesa y salieron de la casa juntas, cogidas de las manos. El verano acababa de comenzar y el sol hacia brillar cada pétalo de cada flor, cada hoja de cada árbol y cada nube en el cielo. Dejaron el pueblo a sus espaldas y, ya en pleno monte, se quitaron los zapatos y echaron a correr sobre la hierba fresca de los prados, el largo cabello ondulando sobre sus espaldas parecía una bandera al viento.
Las dos tenían la risa fácil y el llanto pronto, todo a flor de piel y un volcán de preguntas y de inquietudes bailaba en su interior. Acababan de cumplir catorce años y se sentían felices de estar vivas y de ser jóvenes. Jugando, riendo y saltando, llegaron a la falda del monte Montsegur, al pie de la fortaleza que rodeaba el enorme castillo feudal que, como un gigante, parecía vigilar todo el valle, algo cansadas porque no habían dejado de correr desde que dejaron el pueblo, se sentaron sobre unas piedras. Desde allí todo parecía tan inmenso y a la vez tan pequeño que Marguerite extendió los brazos intentando abarcar entre ellos los campos, las casas y las montañas. Solange reía a su lado mientras la miraba. El sol bañaba de tal modo a Marguerite que ésta parecía resplandecer y el aire agitaba sus largas faldas con tanta fuerza que casi parecía tener alas.

De pronto su rostro se transfiguró y aunque su cuerpo siguió estando allí, su alma se fue muy lejos hacia un lugar desconocido donde ella nunca había estado y entonces sus ojos vieron lo que nunca habían visto y sus oídos escucharon lo que jamás creyó que podría escuchar. Eran unos doscientos hombres y mujeres. Los vio bajar del castillo cantando, cogidos de las manos. Podía escuchar sus voces claramente y aunque la distancia no le dejaba ver sus caras, le pareció reconocerles. Se parecían mucho a sus padres y a sus amigos, incluso creyó ver a una muchacha muy joven que tenía un rostro semejante al suyo y un muchacho que era casi igual a su propio hermano, algo en su forma de andar la sobrecogió sin saber porqué. Se pregunto si Solange también los veía, pero extrañamente su prima parecía haber desaparecido.
Todos se arrodillaron en círculo, al pie de la muralla del castillo y un hombre de pie, en el centro, fue poniendo sus manos sobre la cabeza de todos, uno por uno. Marguerite, había presenciado muchas veces aquella ceremonia, porque era uno de los ritos usuales de su religión. La llamaban la imposición de manos o consolación y sin ella no podía perdonarse el pecado mortal. Permanecieron arrodillados sin dejar de cantar mientras duró la ceremonia, después se levantaron y entre todos reunieron leña suficiente para preparar una gigantesca hoguera que encendieron en medio del prado. El fuego prendió rápidamente y entonces, hombres, mujeres y niños fueron arrojándose a las llamas uno tras otro, fundiéndose sus cánticos piadosos con sus alaridos de dolor. Cuando el último de los gritos se hubo acallado, un silencio de muerte pareció apoderarse de todo el valle, después las brasas fueron ardiendo lentamente hasta que sólo quedó de ellos un montón de huesos y cenizas.

- Marguerite… Marguerite… que te ocurre? Contesta por favor…

La muchacha volvió a la realidad, su prima estaba de nuevo a su lado y parecía muy asustada… Comprendió enseguida que Solagne no había visitado con ella la extraña región de la que regresaba y aunque no entendía el motivo de aquel viaje extraordinario, se daba cuenta de que había sido la única pasajera.
- De repente, continuó Solagne excitada – te has puesto pálida como un fantasma y con una cara muy rara… Te hablaba y no me oías, como si no estuvieras aquí. Si no fuera porque tenías los ojos abiertos y respirabas, hubiese creído que te habías muerto. Me has dado un susto terrible.
Marguerite la miró, pensando que no podía explicarle a su prima lo que había visto. Por una inexplicable razón, había sido escogida para presenciar lo que no podría nunca contar. De ahora en adelante debería seguir viviendo con aquellas imágenes ocultas en lo más profundo de sí misma, envueltas en la oscura sombra de un presentimiento.
Al mismo tiempo que Marguerite se entregaba a estas reflexiones, el Papa Inocencio III se había reunido con sus obispos en el Palacio Pontificio para tratar de atajar el mal que aquella secta de los Cátaros, que osaban llamarse a sí mismos cristianos, estaba produciendo dentro del seno de la Iglesia.
El Papado había llegado a gobernar el mundo por mediación de la Iglesia romana. De hecho su principal poder estaba en la excomunión, no en la fuerza militar, ya que el Papa podía desligar a sus súbditos del juramento prestado a un soberano excomulgado, lo cual era más poderoso que cualquier arma.
Inocencio III estaba planeando organizar una Cruzada que reuniese trescientos mil flamencos, normandos y aquitanos, borgoñones, alemanes y franceses, para que atacasen las ciudades sectarias que se hallaban distribuidas al norte de Italia, parte de Alemania y especialmente en el sur de Francia, ya que el condado de Tolosa y el de Foix, junto con Narbona y la región de Albi en el Languedoc, se habían convertido en un desafío, tanto para la jerarquía eclesiástica como para la monarquía francesa.
Se contaba para el plan con la colaboración de Simón de Montfort, celoso católico, guerrero muy hábil de ambición obstinada, afectísimo a la Santa Sede e inaccesible por sus severas costumbres. De hecho, más que una expedición con fines religiosos se trataba de organizar un definitivo ajuste de cuentas contra la aristocracia y burguesía occitana y a todos les movía secretamente el deseo de apropiarse de aquellas ricas tierras donde se cultivaban las artes, las ciencias y donde los cátaros predicaban la pureza, en contraste con su vida de corrupción. Era el comienzo de la guerra albigense.

Más tarde, los libros de historia contaron como en el año 1244, la resistencia de los cátaros quedó concentrada en la fortaleza de Montsegur, en la frontera del Rosellón. Los defensores de la posición no ignoraban su inferioridad militar, pero estaban imbuidos por una exaltación religiosa escalofriante y no temían a la muerte. Se defendieron de los soldados con piedras y resistieron durante seis meses a 1200 metros de altitud, pero cuando advirtieron que la resistencia seria inútil, los escasos 200 supervivientes que quedaban en la fortaleza, solicitaron el Consolament, sacramento cátaro que administraban a los seglares en peligro de muerte. Salieron cantando cogidos de la mano y se autoinmolaron en una gigantesca hoguera en la pradera al pie de las murallas. Marguerite también murió allí.

Ficha de autor

Gloria Corrons, es una artista polifacética, pinta, escribe, compone y toca el piano.
Este relato forma parte de una novela histórica titulada HISTORIAS EN EL AIRE, compuesta por una serie de pequeños relatos imaginarios (50 en total) que comienzan en la Prehistoria y acaban en el siglo actual y que pueden leerse individualmente o en conjunto porque no tienen ninguna relación entre sí aparte del orden cronológico.
Sus obras pictóricas se pueden encontrar en: Planeta Selene Galería
También se puede escuchar una muestra de su música en: Planeta Selene – Gloria Bonne

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Reyes de Francia: Luís VIII (1223-1226)

agosto 11, 2009 under Salones Reales

Luis VIII dirigiéndose a Inglaterra, cuando aun era príncipe. Autor anónimo (wikimedia commons)

  • Nacido en París el 5 de septiembre de 1187, hijo de Felipe Augusto (1165-1223) y de Isabel de Henao (1170-1190), fue el octavo rey de la dinastía capeta.
  • Fue coronado en Reims el 6 de agosto de 1223, a la muerte de su padre.
  • Naissance de Louis VIII (le Lion), Grandes Chroniques de France, Paris, XIVe-XVe siècle (wikimedia commons)

  • Recibió el sobrenombre de “el león” y heredó de su padre el sentimiento de unidad nacional del territorio francés, lo que le llevó a tener importantes enfrentamientos con los grande señores feudales.
  • Su primer objetivo fue consolidar las victorias de su padre sobre Juan sin Tierra, recordemos que en el artículo sobre su padre ya hemos contado de que forma el príncipe participó en estos enfrentamientos, llegando incluso, a conquistar Inglaterra. Esta consolidación llego en forma de conquista del Poitou y La Rochela, permaneciendo en manos inglesas tan sólo la Gascuña y la Guyena.
  • En el año 1200, fruto del tratado de Goulet, su padre, había acordado con Juan sin Tierra, el matrimonio de Luis con una infanta del reino de Castilla, el motivo era que la Reina de Castilla Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII el noble, o de las Navas, era hermana de Juan.
  • Sería la mismísima Leonor de Aquitania, que estaba detrás de esa boda, para que su familia entrase de nuevo en el control de la corona de Francia, la que se ocuparía de viajar a Castilla para elegir la futura reina de Francia.
  • Coronación de Luis VIII y Blanca de Castilla. Autor anónimo. (wikimedia commons)

  • De ese modo, en el año 1200 Leonor emprende el viaje y, finalmente, se lleva consigo a una de sus nietas, Blanca, con solo 12 años de edad para iniciar su formación como futura reina.
  • La boda se celebraría el 23 de mayo del mismo año.
  • Blanca de Castilla le daría al monarca 9 hijos.
  • El primero nacería 9 años después de la boda, en 1209, Felipe, futuro heredero que fallecería, sin embargo en 1918, dejando su puesto en la sucesión al segundo hijo.
  • El segundo, también llamado Luís, nacería en 1214 y será el futuro rey Luís IX, San Luís.
  • El tercero en la lista fue Roberto, que nacería en 1216 y sería Conde de Artois.
  • El cuarto se llamó juan, nació en el 1219 pero fallecería también a los 13 años de edad.
  • El quinto hijo se llamó Alfonso, nacido en 1220, y fue crucial en el posterior desenlace del fin del catarismo, al haber negociado su madre el enlace de éste con la hija y heredera del condado de Toulouse, Juana de Toulouse, de donde llegaría a ser Conde con el título de Alfonso III de Toulouse. Además su hermano, ya Rey Luís, le había otorgado los títulos de conde de Poitiers, Saintonge y Auvernia que ostentaría desde 1241 hasta su muerte. y el de Tolosa a partir de 1249.
  • El sexto hijo se llamaría Felipe Dagoberto, nacido en el 1222 y fallecido, con diez años, el 1232.
  • Beata Isabel de Francia (wikimedia commons)

  • El séptimo sería hija y se llamó Isabel. Nacida en 1225, desde pequeña se consagró a la religión y a los Franciscanos, llegando a fundar un convento en 1256 en los bosques conocidos hoy como de Bologna, la abadía franciscana de Longchamp. En el año 1520 el Papa Leon X le concedió la beatitud, que se conmemora el 23 de febrero, coincidiendo con el día de su fallecimiento que se produciría en 1270.
  • El octavo, también hija, a la que pusieron por nombre Etienne, nació y falleció en 1226, el mismo año que su padre, antes que él.
  • Finalmente, ya viuda, en 1227 Blanca daría a luz el último hijo de Luís VIII, llevó por nombre Carlos y llegó a ser Conde de Anjou y Maine y Rey de Nápoles y Sicilia.
  • Retomando el hilo de los acontecimiento que se suceden, durante el reinado de Luís, en el sur, el Conde de Toulouse se ha vuelto a hacer fuerte y el catarismo vuelve a expandirse.
  • A principios de 1224 Raimon VII se enfrenta con Amaury de Monfort, venciéndole y reconquistando Carcassonne. Amaury regresa a las tierras de su padre, en el norte, y renuncia a los condados del sur en favor del monarca.
  • El arzobispo de Narbonne, Arnau Amalric, escribe al rey: “… mientras que los católicos se retiran, los herejes toman su lugar […] el espíritu inmundo retorna ahora con más fuerza que nunca”.
  • En los meses de julio y agosto de este mismo año 1224, el Papa Honorio III obliga al conde Raimon a acudir a una conferencia que tiene lugar en Montpeller, con la asistencia de todo el peso de la iglesia católica occitana. En los informes que los prelados envían al Papa, ponen de manifiesto, una vez más, que no existe una solución pacífica.
  • En noviembre de 1225 se convoca de nuevo, esta vez en Bourges (Cher), un concilio al que asiste Raimon VII, con la presencia de Arnau Amalric. El resultado final es una nueva excomunión del conde.
  • Honorio III decide proclamar una nueva cruzada y, de nuevo, pide el soporte del monarca francés.
  • El rey, animado por su esposa Blanca, organiza la cruzada, esta vez encabezándola por vez primera un monarca, y el 30 de enero de 1226 se pone en marcha, con todo su ejército, y un respaldo total de la nobleza que llega a reunirse con él hasta un total de 36 barones de todo el norte de Francia, con sus respectivos ejércitos.
  • La cruzada se convierte en un auténtico paseo, hasta llegar a Avignon, donde tienen que emplearse a fondo para su conquista.
  • Tampoco Toulouse se rinde y se disponen para un largo asedio. Sin embargo el monarca, mientras se encontraba en Albi, preparando el asedio de Toulouse, se pone enfermo de disentería, lo que le obliga a emprender el camino de regreso.
  • No llegaría a París, fallecería el 8 de noviembre de 1226 en Montpensier (Auvernia), siendo enterrado posteriormente en Saint Denis.
  • La regencia, ante la minoría de edad de su hijo Luís, sería llevada a cabo por su esposa Blanca de Castilla.

Luis VIII el León. Biblioteca Nacional de Francia (wikimedia commons)

 

Fuentes de este contenido:

Bibliográficas:

  • Jesús Mestre i Godes: Los cátaros, problema religioso, pretexto político. Barcelona (1997) ISBN: 9788483070710 (comprar libro en línea)
  • Jesús Mestre i Godes: Els càtars, vida i mort dels bons homes. Barcelona (1997) (En catalán) ISBN: 9788429743432 (comprar libro en línea)
  • Anne Brenon: La verdadera historia de los cátaros. Barcelona (1997) ISBN: 9788427021945 (comprar libro en línea)
  • Xavier Escura i Dalmau: Crònica dels Càtars (en catalán). Barcelona (2002) ISBN: 9788482644097 (Comprar libro en línea)
  • Guillem de Tudela i anònim: La Cançó de la Croada contra els Albigesos (traducido al catalán por Vicent Martines y Gabriel Ensenyat) Barcelona (2003) ISBN: 9788484375487 (Comprar libro en línea)
  • René Nelli: Los cátaros del Languedoc en el siglo XIII. Mallorca (2002) ISBN: 9788497160346 (comprar libro en línea)
  • René Nelli: Diccionario del Catarismo y las herejías meridionales. Mallorca (2000) ISBN: 9788476519080 (comprar libro en línea)
  • Paul Labal: Los cátaros: herejía y crisis social. Barcelona (2000) ISBN: 9788484320722 (comprar libro en línea)
  • Régine Pernoud: Blanca De Castilla: La Gran Reina de la Europa Medieval. Barcelona (2002) ISBN: 9788495894181
  • Régine Pernoud: Leonor de Aquitania. Barcelona (2009) ISBN: 9788492649105 (comprar libro en línea)

En la red:

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Reyes de Francia: Felipe II (1180-1223)

agosto 10, 2009 under Salones Reales

La tumba de Ricardo Corazón de León, a su lado la de su madre, Leonor de Aquitania

  • Nacido en Gonesse, el 21 de agosto de 1165, era hijo de Luis VII (1120-1180) de Francia, llamado el Joven, y de Adela de Champaña o de Blois (1140-1206), su tercera esposa.
  • Séptimo rey de la dinastía de los Capetos, fue coronado el 1 de noviembre de 1179, pues su padre se encontraba enfermo y lo hizo coronar precipitadamente. La ceremonia de coronación se celebró en Reims y fue oficiada por su tío el arzobispo Guillermo de las Blancas Manos.
  • En realidad la coronación estaba prevista para unos meses antes, pero tuvo que aplazarse, al sufrir el joven príncipe un accidente de caballo que puso su vida pendiente de un hilo.
  • Finalmente, al morir su padre el 18 de setiembre de 1180, Felipe, con solo 15 años, accedía al trono, aunque ostentaba el poder real desde la firma del tratado de Grisors, el 28 de junio de ese mismo año.
  • Recibió el sobrenombre de Dieudonné (don de Dios), al tener que esperar su padre al tercer matriomonio para tener un hijo que asegurase la descendencia. Si embargo, el nombre por el cual sería mas conocido sería por el de Felipe Augusto que era su nombre completo.
  • Felipe Augusto, debido a que ya había participado de los asuntos de su padre desde mucho antes de su fallecimiento, a pesar de su juventud, fue muy consciente de la debilidad del reino, frente a los grandes señores que, a pesar de ser teóricos vasallos, en realidad actuaban como reyes independientes.
  • Por ese mismo motivo, ya el 28 de abril de 1180, antes de la muerte del rey, había contraido matrimonio con Isabel de Henao (1170-1190) que le aportó como dote el territorio del Artois. Isabel era descendiente de sangre Carolingia. Fallecería a consecuencia del parto del primer hijo que tuvieron, el futuro rey Luis VIII, nacido en 1187.
  • Fue el primer monarca francés que ostentó el título de “Rey de Francia”, en lugar de Rey de los Francos, como se habían llamado sus antecesores y que ya no volvería a utilizarse jamás.
  • Mapa de Francia en 1180, cuando subió al trono Felipe Augusto

  • En 1181, el conflicto con los barones dirigido por el conde de Flandes, (Felipe de Alsacia), que ya había ocasionado problemas a su padre, se reavivivaría. Felipe Augusto, sin embargo, conseguiría paralizar las pretensiones de éste último rompiendo las alianzas con el duque de Brabante y el arzobispo de Cologne. En julio de 1185 el tratado de Boves confirmaría al rey la posesión del Vermandois, de Artois y de Amiénois.
  • También en este año, 1181, fallece el Papa Alejandro III y es nombrado su sustituto Ubaldo Allucinoli que ejercerá bajo el nombre de Lucio III (1181/1185)
  • En abril de 1182, Felipe Augusto toma otra decisión que le acarrería problemas, al pretender expulsar a los judíos de sus territorios y confiscar sus bienes. Esta decisión rompía con el acuerdo que con ellos había mantenido su padre Luis VII. El motivo oficial designaba a los judíos como responsables de diversas calamidades, pero el motivo real era el de reforzar, sobre todo, a las casas reales. Sin embargo estas medidas no durarían mucho pues la interdicción del territorio (por entonces difícil de hacer respetar) terminaría en 1198, Felipe Augusto retomaría la actitud conciliadora de su padre que volvería a imponerse como norma.
  • En 1185 fallece el Papa Lucio III y es nombrado para sucederle Uberto Crivelli, que regió los destinos de la Iglesia Católica bajo el nombre de Urbano III (1185/1187).
  • En 1187, tras las muerte de Urbano III, es nombrado Papa, el 25 de octubre, Alberto da Morra, Gregorio VIII (1187/1187) pero su trono solo duró hasta el 17 de diciembre de ese mismo año. Le sucedió Paolo Scolari, Clemente III (1187/1191). Uno de sus primeros objetivos fue recuperar Jerusalén y no tardó en proclamar la tercera cruzada.
  • La coronación de Felipe Augusto - Grandes Chroniques de France, enluminées par Jean Fouquet, Tours, vers 1455-1460 Paris, BNF

  • En 1190, Felipe Augusto, partió, junto con Ricardo Corazón de León (1157/1199), hacía la tercera cruzada, haciendo una parada de algunos meses en Mesina (Sicilia), donde pronto surgieron desavenencias entre los dos por motivo de que Ricardo había decidido repudiar a su prometida Alix, hermanastra de Felipe, con la pretensión de casarse con Berenguela de Navarra.
  • Mientras, en Roma, el 27 de marzo de ese mismo año 1191, fallece el Papa Clemente III y le sucede Giacinto Bobone, con el nombre de Celestino III.
  • También en marzo de 1191, Felipe, reemprende el camino hacía Tierra Santa, llegando a Acre el 20 de abril de ese mismo año. Cuando llegaron los ingleses se volvieron a hacer patentes las diferencias entre ambos monarcas, y Felipe, con la excusa de la muerte del Conde de Flandes, que ponía de manifiesto los problemas sucesorios de dicho condado, partía de nuevo hacía Francia el 1 de junio de 1191. En el camino se detuvo en Roma, donde el nuevo Papa Celestino III le autorizó a dejar la cruzada. Llegó a París el 27 de diciembre de 1191.
  • La sucesión de Flandes originó un conflicto de intereses entre tres aspirantes, su suegro, Balduino V de Henao, Eleonor de Vermandois (1152/1222), Condesa de Beaumont, y el propio Felipe. Finalmente Flandes se lo quedó Balduino, Eleonor consiguió, mediante escrito, los territorios de Valois y Vermandois, que a su fallecimiento irían a Felipe, y éste se quedó con los territorios de Péronne y Artois.
  • El otro problema al que debía enfrentarse era el de consolidar la posible sucesión, pues su único hijo era muy pequeño y ya había enfermado en una ocasión, por ese motivo decidió elegir una nueva esposa. Eligió a Isambur de Dinamarca (1175/1236), hija de Valdemar I de Dinamarca y de Sofia de Minsk, con la pretensión de conseguir una alianza de los daneses contra Inglaterra.
  • Felipe se casa con Isambur el 14 de agosto de 1193, pero la repudió inmediatamente, encerrándola en el convento de Saint-Maur-des-Fossés. A partir de aquí inició los trámites para que se le concediera la nulidad a su matrimonio, cosa que en un principio consiguió en una reunión de obispos y barones a finales de ese mismo año, pero el Papa Celestino III no admitió la anulación por la alegación de Isambur de que el matrimonio se había consumado.
  • A pesar de ello, Felipe contraía nuevo matrimonio el 7 de mayo de 1196 con Inés de Meran (1172/1201) hija de Berthold IV, duque de Méranie, y de Inés de Rochlitz.
  • Inmediatamente Celestino III dictó un interdicto contra Francia declarando nulo este matrimonio y obligando a Felipe Augusto a repudiar a Inés y regresar con Isambur, bajo amenaza de excomunión, tras diversos tiras y aflojas, en 1200 Felipe decide repudiar a Inés y devolver a Isambur al trono, aunque nunca tuvieron relaciones sexuales. El Papa levantó el interdicto el 7 de diciembre de ese mismo año.
  • Felipe II, según Louis-Félix Amiel (1802-1864). Pintura en Versalles, museo nacional del castillo de Trianon

  • En Rouen, en octubre de 1196, el Conde de Tolosa, Raimon VI, se casa con Juana Plantagenet, hermana de Ricardo.
  • Con Inés, Felipe tuvo tres hijos: María de Francia (1198/1224) que se casó en primera instancia con Felipe I de Namur, hijo de Balduino V de Henao y, tras la muerte de éste, en segundas nupcias con Enrique I de Brabante. El segundo hijo fue Jean-Tristan, nacido y fallecido en 1200. El tercero fue Felipe Hurepel de Clermont (1201/1234) que fue Conde de Mortain y Aumale. Felipe Hurepel había recibido de su padre el Condado de Clermont y en 1216 se casó con Matilde de Dammartín (1202/1259), Condesa de Dammartín y de Boulogne, por lo que obtuvo también estos dos condados.
  • El 8 de enero de 1198 fallecía Celestino III, sucediéndole al frente de la Iglesia, Lotario de los Condes de Segni, conocido como Inocencio III.
  • Inés de Meran moriría en Poissy al dar a luz a Felipe, en 1201, mientras que, por su parte, Isambur, se retiró a Orleans, donde sus contemporáneos la llamaban Reina de Orleans. Isambur solicitó, en su testamento, ser enterrada en el panteón real de Saint-Denis, pero este privilegio le fue negado por Luis IX, alegando que nunca había sido consagrada como reina. Murió el 29 de junio de 1236 en Corbeil y fue enterrada en Saint-Jean-sur l’isle de Corbeil.
  • Felipe negoció con el Papa el reconocimiento de los dos hijos tenidos con Inés, cosa que consiguió en noviembre de 1201.
  • Felipe Augusto aprovechó que Ricardo de Inglaterra había caído prisionero del emperador alemán Enrique VI, para negociar con Juan sin Tierra, el cual le rindió vasallaje en 1193, con la esperanza de que Felipe le ayudase a recuperar el trono de Inglaterra. Juan cedió a Felipe los territorios del este de Normandía, excepto Ruán, Vuadreil, Vernuil y Évreux, por medio de un acuerdo firmado en enero de 1194.
  • Tras la liberación de Ricardo en 1194, la situación empeoró de repente y éste obligó a Felipe Augusto a renunciar a las tierras que le había cedido Juan en un tratado firmado a principios de 1196. Sin embargo se inició un nuevo período de guerras entre los dos reinos. Ricardo conquistaba Vexin en 1197 y ambos bandos buscaban aliados continuamente. Mientras el Papa, Inocencio III, que quería proclamar una nueva cruzada intentaba por todos los medios que se reconciliasen.
  • Estatua ecuestre de Ricardo Corazón de León, frente al palacio de Westminster, en Londres

  • En la primavera de 1199, durante el asedio del castillo de Chalús (Lemosín), Ricardo era alcanzado por una flecha que le provocó la muerte a los pocos días, el 6 de abril.
  • Felipe aprovechó los problemas de sucesión en el trono de Inglaterra para apostar una vez más en favor de uno de los contendientes, pero esta vez, en lugar de aliarse con Juan sin Tierra, lo hizo con su gran rival, el joven Arturo I de Bretaña (1187/1203), sobrino de Juan, hijo de su hermano mayor Godofredo II de Bretaña y que había sido designado por Ricardo como su heredero poco antes de fallecer éste.
  • Arturo I, como Conde de Bretaña, rindió vasallaje a Felipe Augusto en la misma primavera de 1199, mientras que la nobleza inglesa y normanda aclamaba como rey a Juan.
  • El 22 de mayo de 1200, tras una estrepitosa derrota de Juan sin Tierra en Normandía, frente a Felipe Augusto, se firma el tratado de Goulet. En este tratado, Felipe gana los condados de Évreux y Berry, dejando en manos de los Plantagenet la Bretaña. Por su parte, Arturo renunciaba a sus aspiraciones sobre Anjou y Aquitania y rendía vasallaje, como Conde de Bretaña, a su tío Juan, el cual, a su vez, renunciaba a su alianza con el emperador alemán Oton IV. El último punto del acuerdo es la boda del futuro rey de Francia, Luis VIII con la sobrina de Juan sin Tierra, Blanca de Castilla (1188/1252), aportando ésta como dote Chateauroux, Issoudun y Graçay
  • Sin embargo, poco después Arturo ponía cerco al castillo de Mirebau, próximo a Poitou, que pertenecía a su abuela Leonor y ésta pidió ayuda a Juan, el cual acudió y le derrotó siendo Arturo hecho prisionero. Mientras estaba prisionero, Juan intentó por todos los medios, sin conseguirlo, que Arturo renunciase a sus posibles derechos sobre el trono inglés. Finalmente Arturo era asesinado en Ruán, el día 3 de abril de 1203, a los 16 años, por orden de su tío Juan.
  • En la primavera de 1203, Felipe Augusto atacaba de nuevo Normandía, conquistó el castillo de Le Vaudreuil y puso cerco al de Gaillard, que caía el 6 de diciembre de ese mismo año. A continuación se dirigió a Falaise, Caen y Bayeux que cayeron enseguida y finalmente, el 24 de junio de 1204 conseguía la capitulación de Ruán. Para terminar de conquistar Normandía, en los siguientes días tomó Verneuil y Arques.
  • Su siguiente objetivo fue el valle del Loira, tomando primero Poitiers en agosto de 1204 y en 1205 tomó Loches y Chinon.
  • El 13 de octubre de 1206, Felipe Augusto y Juan firman una tregua en Thouars.
  • Mientras, en 1204 y en 1207, el Papa Inocencio III reclama la intervención de Felipe Augusto contra los herejes cátaros de las tierras del sur, aunque éste responde con evasivas, debido a los problemas que tiene en el norte.
  • En 1207, en la ciudad de Montreal se celebra un nuevo debate entre cátaros y católicos, con la intervención de Domingo de Guzmán. El resultado fue la conversión de unos 150 herejes al catolicismo.
  • En 1208, el 15 de enero, el legado que el Papa había enviado a negociar con Raimon de Tolosa, Pedro de Castellnou, cae herido de muerte, atravesado por la lanza de un ciudadano tolosano. Este fue el principal motivo que empujó a Inocencio III a promulgar la cruzada contra los cátaros.
  • En el mes de julio de 1209 se pone en marcha la cruzada contra el catarismo, la primera cruzada de cristianos contra cristianos en tierras cristianas. Felipe Augusto se había desentendido de la misma, argumentando que tenía otros problemas más urgentes que atender, pero concedió permiso para que asistieran a ella los nobles franceses que quisiesen, así fue como Simó de Monfrot fue nombrado como jefe militar de la misma, y el Arzobispo de Burdeos como director espiritual.
  • Las primeras conquistas de la cruzada en este año 1209 son la ciudad de Beziers y Carcasona, y el legado papal nombró señor de Beziers y Carcasona a Simó de Monfort.
  • Mientras, en el norte, tras un tiempo de tranquilidad en la que Felipe Augusto se dedica a consolidar sus nuevos territorios, surgen nuevos problemas, en tres nuevos frentes.
  • Por un lado, en 1205 había fallecido en la cuarta cruzada el Conde de Flandes y de Henao, Balduino, tomando la regencia del mismo su hermano Felipe I de Namur, yerno del rey Felipe Augusto, el cual le juró fidelidad. A fin de estabilizar la situación, Felipe decide casar a Juana (1199/1244) hija y única heredera del Condado de Flandes, con Fernando de Portugal (1188/1233), hijo de Sancho I de Portugal y Dulce de Barcelona, que pasó a llamarse, a partir de ese momento, Fernando de Flandes. Con este hecho, efectuado en 1211, Felipe pensaba asegurarse la fidelidad y el vasallaje de Flandes.
  • El otro punto conflictivo fue el Condado de Boulogne, dirigido por el Conde Renaud de Dammartín (1165/1227). Pese a que en 1210 comprometió la boda de su hijo Felipe Huerepel con Matilde (1202/1259), la única hija y heredera de Renaud, éste se negó a ayudar al rey en una querella de éste con el Obispo de Beauvois, Felipe de Dreux, y además negoció con Juan sin Tierra, con el objetivo de aliarse con él. Ante esta alianza, Felipe Augusto decide pasar a la ofensiva y en 1211 toma Mortain y Dammartin, obligando al conde a huir y a refugiarse en Bar.
  • Ilustración de Juan I de Historia Anglorum (1250-1259)

  • El tercer punto conflictivo fue el imperio germánico. En 1197 fallece el emperador Enrique VI (1165/1197) y su muerte provoca la lucha por la sucesión. Por un lado aspira al trono Otón de Brunswick (1175/1218), avalado por su tío Juan sin Tierra y el favorito del Papa Inocencio III, y por otro lado Felipe de Suavia (1177/1208), hermano menor del fallecido emperador, avalado por Felipe Augusto. Éste último fue nombrado, finalmente en 1205, emperador del Sacro Impero Romano Germánico, pero no consiguió estabilidad y sus enfrentamientos con Otón, terminaron con el asesinato de Felipe de Suavia en 1208. Una vez desaparecido Felipe, Otón es proclamado en 1209 como nuevo emperador, con el visto bueno del Papa, a cambio de que renunciase a sus ambiciones sobre Sicilia. Pero Otón pronto pone de manifiesto que es persona ambiciosa y pretende hacerse con el control de Italia y el Papa lo excomulga en 1210. De esta forma, Felipe Augusto se alía con Federico de Hohenstaufen, rey de Sicilia e hijo de Enrique VI, el cual fue coronado rey de los romanos en Maguncia en el año 1212, para hacer frente a las aspiraciones expansionistas de Oton.
  • Todas estas situaciones culminan con la alianza, en el 1212, de todos sus enemigos. La alianza, inspirada por el exiliado Conde Renaud, cuenta con Oton de Alemania y Juan sin Tierra de Inglaterra.
  • Mientras, en marzo de 1210, en las tierras provenzales, Simó de Monfort reemprende la cruzada contra los cátaros, tras el forzoso parón invernal, campaña que durará hasta la toma de Termes en noviembre de ese año, tras caer Menerve.
  • En enero de 1211, se convoca un concilio en Narbona, con la presencia del Conde de Tolosa y Simó de Monfort. Estuvo presente también Pedro I de Catalunya y Aragón. El concilio no llegó a ningún término, pues el planteamiento de los legados era la renuncia total del de Tolosa.
  • En el mes de junio de 1211, Simó de Monfort intenta asediar Tolosa, con resultados infructuosos, abandonando el sitio antes de terminar el mes. Al final termina asolando las tierras de Foix, antes de regresar a pasar el invierno a su feudo de Carcassona, conquistado en 1209.
  • Al reemprender la cruzada, en 1212, sigue conquistando ciudades y pueblos más o menos importantes, hasta que a al terminar la campaña en noviembre de 1212, solo le quedan conquistar los reductos de Tolosa y Montalbán.
  • En enero de 1213, Pere I, visita Tolosa, y se entrevista con Raimon, vasallo suyo desde el concilio de Narbona.
  • El 8 de abril de 1213, Felipe Augusto convoca a todos sus aliados en Soissons, consiguiendo el apoyo de todos sus vasallos, excepto de Fernando de Flandes. Ante esto, Felipe Augusto recaba nuevos apoyos, consiguiendo el de Enrique de Brabante. Mientras Inocencio III se decanta por dar su apoyo a Juan sin Tierra.
  • En mayo de 1213 las tropas de Felipe Augusto se embarcan rumbo a Inglaterra, pero su flota es derrotada por la flota aliada en Damme.
  • Durante los meses siguientes, el rey Felipe Augusto y su hijo, el príncipe Luís, llamado el león, conquistan Boulogne y Flandes.
  • Mientras a primeros del mes de setiembre de 1213, las tropas de Pere I, llegan a Muret, para apoyar al Conde de Tolosa en su batalla contra Simó de Monfort.
  • Tiene lugar la Batalla de Muret, el día 13 de setiembre de 1213, en la que es muerto el rey Pere I de Catalunya y Aragón. Raimon de Tolosa se refugia en Inglaterra.
  • En febrero de 1214 Juan sin Tierra desembarca en La Rochelle, con la intención de sorprender a Felipe Augusto, con el apoyo de los barones del Limousin y de Poitiers tomando Angers. Como Felipe Augusto estaba en plena conquista de Flandes, envió a su hijo a enfrentarse a Juan. Cuando éste supo de la rápida reacción francesa, fue presa del pánico y el 2 de julio embarcaba de regreso a Inglaterra.
  • Battle of Bouvines, by Horace Vernet

  • El 27 de julio de 1214 se produce, en el otro frente del norte, la Batalla de Bouvines que enfrenta a los dos bandos, por un lado Felipe con sus aliados, divididos en tres cuerpos, el central dirigido por el mismo Felipe Augusto, y enfrente Otón, que también ocupaba el cuerpo central, mientras que Renaud ocupaba un flanco y Fernando de Flandes el otro. El desenlace fue la victoria de Felipe Augusto, pese a la inferioridad, con la captura de Renaud y Fernando y la huída de Oton.
  • Tras estas derrotas la coalición se deshizo y así el 18 de setiembre de 1214, Felipe Augusto y Juan sin Tierra firmaban una nueva tregua en Chinon por cinco años. En esta tregua se estableció que Juan sin Tierra abandonaba todas sus posesiones al norte del Loira, Berry y Turena, a la vez que Maine y Anjou eran devueltas al dominio real.
  • En noviembre de 1214, se convoca el cuarto concilio de Latrán, con el Papa Inocencio III a la cabeza. El concilio, pese a la ténue oposición del Papa, termina por desterrar de Tolosa al Conde Raimon y conceder la titularidad del condado a Simó de Monfort.
  • En 1215, el príncipe Luis el león acude en ayuda de Simó de Monfort a consolidar sus posiciones en la cruzada que éste mantenía contra los cátaros en las tierras del sur.
  • En 1216, ante las frecuentes hostilidades de Juan sin Tierra, a pesar de la tregua, el príncipe Luis el león, embarca con un fuerte contingente rumbo a Inglaterra. La expedición desembarca en mayo de 1216 y Luis conquista pronto el reino inglés, instalándose en Londres, donde los obispos le rinden homenaje. Sin embargo, el apoyo del Papa Inocencio III a Juan, hace que Luis sea excomulgado por su acción. En Octubre de ese año muere Juan sin Tierra y los aliados de éste nombran sucesor a Enrique III. Al mismo tiempo muere Inocencio III, pero su sucesor Honorio III continúa dando su apoyo a la línea de Juan y de Enrique, con lo que los obispos ingleses retiran su apoyo a Luís y éste se ve obligado a regresar a Francia en busca de refuerzos. A su regreso, a principios de 1217, es derrotado y acepta finalmente negociar la paz, en noviembre de ese año y su excomunión es levantada.
  • Comentado ya en el punto anterior, en el año 1216, el 16 de junio, fallece Inocencio III y le sucede Cencio Savelli, como Honorio III.
  • La muerte de Simon de Montfort en el asedio de Toulouse (25 June 1218) Fuente= François Guizot (1787-1874), The History of France

  • El “faidit” Raimon de Tolosa y su hijo, mientras se refugian en Avignon, donde encuentran el apoyo local. Así, mientras el padre visita Catalunya para recabar apoyos, el hijo organiza un ejército con la gente de Avignon y Tarancon, y empieza una nueva guerra. El primer sitio al que se dirige es Bellcaire, que cae en agosto de 1216. Tras la toma de Bellcaire, los tolosanos se revelan contra Simó de Monfort, pero éste tiene el ejército y el clero, que pronto dominaron al pueblo, al que exigieron un fuerte tributo por su insumisión.
  • Durante el año 1217, Simó se dedicó a reconquistar pequeñas localidades de la Provenza que se habían revelado contra él, en muchas de ellas, las arrasaba y degollaba a sus habitantes. Sin embargo, a finales de ese año, mientras se encontraba en las tierras orientales de la Provenza, le llegan noticias de que los tolosanos se han vuelto a revelar y han solicitado el regreso de Raimon. Intenta regresar tan pronto como puede, pero llega tarde, el 13 de setiembre, 4 años justo después de la batalla de Muret, el Conde Raimon ha entrado en Tolosa y ha recibido los honores de sus ciudadanos y el reconocimiento como conde. Había traído consigo al joven Conde del Pallars y su ejército. Antes de entrar en la ciudad, mirando en dirección a Muret puso una rodilla en el suelo y rogó una oración en recuerdo del rey Pere I.
  • Tan pronto llega Simó a Tolosa, a primeros de octubre inicia un asedio en toda regla. El asedio se prolonga y unos y otros reclaman refuerzos. Los refuerzos llegan en la primavera del año siguiente, 1218, casi a la vez por los dos bandos, por el francés, llegan refuerzos enviados por el rey de Francia, Felipe Augusto, que una vez consolidadas sus posiciones en el norte y el oeste, ahora puede empezar a mirar al sur y al este. Por parte de Tolosa, el joven Conde Raimón VII, llega con su ejército en ayuda de su padre, y es recibido por los tolosanos, como lo fue su padre. Después de varias cruentas batallas, el 25 de junio de ese 1218, una piedra lanzada desde las murallas alcanza a Simó de Monfort, terminando con su vida. Nombran jefe de la cruzada y sucesor a su hijo Amaurych de Monfort.
  • A su regreso de Inglaterra y como cuarentena para limpiar su excomunión, el príncipe Luis, se enrola en la cruzada contra los albigenses en 1219, durante la cual arrasa la ciudad de Marmande y pone cerco a Tolosa en apoyo de Amaurych de Monfort, pero no consiguen tomar la ciudad. Una vez terminada la cuarentena regresa a París. La cruzada se deshace y Amaurych de Monfort regresa a Carcassona, dando por perdida, de momento, la ciudad de Tolosa.
  • En 1220 Luis prolonga la paz de Chinon firmada cinco años antes por su padre, lo que parece testimoniar que Felipe Augusto iba traspasando poderes en favor de su hijo.
  • En agosto de 1222, fallece el Conde de Tolosa Raimon VI, ocupando su lugar su hijo, el Conde Raimon VII.
  • En setiembre de 1222 Felipe Augusto hace testamento en favor de su hijo, lo que hacía suponer que veía próximo su fin.
  • Mientras se encontraba en Pacy, y en contra de la opinión de sus médicos, quiso ir a la reunión eclesiástica que se celebraba en París para preparar las nuevas cruzadas. Durante el viaje falleció el día 14 de julio de 1223 en Mantes.

Felipe II - Biblioteca Nacional de Francia

Philippe II Auguste sur son trône, une fleur de lis dans la main droite. Armes de France, écu fleurdelisé Jean Du Tillet, Recueil des Rois de France, vers 1555-1566 Bibliothèque Nationale de France

Imágen de dominio público

Fuentes de este contenido:

Bibliográficas:

  • Jesús Mestre i Godes: Los cátaros, problema religioso, pretexto político. Barcelona (1997) ISBN: 9788483070710 (comprar libro en línea)

  • Anne Brenon: La verdadera historia de los cátaros. Barcelona (1997) ISBN: 9788427021945 (comprar libro en línea)

  • Xavier Escura i Dalmau: Crònica dels Càtars (en catalán). Barcelona (2002) ISBN: 9788482644097 (Comprar libro en línea)

  • Guillem de Tudela i anònim: La Cançó de la Croada contra els Albigesos (traducido al catalán por Vicent Martines y Gabriel Ensenyat) Barcelona (2003) ISBN: 9788484375487 (Comprar libro en línea)

  • René Nelli: Los cátaros del Languedoc en el siglo XIII. Mallorca (2002) ISBN: 9788497160346 (comprar libro en línea)

  • René Nelli: Diccionario del Catarismo y las herejías meridionales. Mallorca (2000) ISBN: 9788476519080 (comprar libro en línea)

  • Paul Labal: Los cátaros: herejía y crisis social. Barcelona (2000) ISBN: 9788484320722 (comprar libro en línea) 

En la Red:

 

by joclar/2009

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Libros Recomendados

agosto 8, 2009 under Libros Recomendados

Uno de los primeros libros que recomendaría, sobre todo para los no iniciados, es el libro de Anne Brenon, “Los cátaros”. El problema es que tendréis que buscarlo en alguna biblioteca, pues está agotado en todas las librerías. Otra opción para conseguir este libro es entrar en Amazon, donde me consta que en este enlace se puede encontrar.

En caso de no conseguir este libro, otro interesante, que sirvió, en su momento, para dar a conocer el tema en España, es el libro de Jesús Mestre. Este libro está en muchas bibliotecas, pero si os interesa tenerlo en propiedad podéis obtenerlo a través de la Casa del Libro. Su título es “Los cátaros, problema religioso, pretexto político”

Para los que ya han leído alguno de estos libros, o que ya están más metidos en materia, un libro importante es el de Editorial Siruela, que se publicó en una primera edición en 1997 y se reeditaría en el año 2004, llamado “El legado secreto de los cátaros”. Este libro es importante porqué en él se reflejan, traducidos, algunos de los llamados “documentos cátaros”, o sea, los libros que se han encontrado de aquella época y que escaparon a la Inquisición. La primera edición, que es la que tengo, se encuentra agotada, la segunda no he tenido oportunidad de leerla, pero supongo que el contenido será igual o muy similar. La primera edición se puede llegar a encontrar en algunas bibliotecas, la segunda en bastantes más. Para aquellos que prefieran adquirirlo, pueden hacerlo también en la Casa del Libro.

Obvia decir que los enlaces que propongo para su compra, son para ayudar a mantener este sitio web.

En próximas entradas iremos añadiendo nuevas recomendaciones en esta categoría

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