Eleonor. El diario de una hereje

septiembre 3, 2009 under Relatos de catarismo

Hola. Me llamo Eleonor y empiezo a escribir en estas hojas para practicar el arte de la escritura, que me ha enseñado mi tío Benaset.

No se porqué he escrito hola al principio, supongo que será porqué pienso que algún día alguien, que no sea yo misma, lo va a leer.

Estoy nerviosa, no se por donde empezar.

A lo mejor por el principio.

Si, contaré quien soy, así, si de verdad alguien lo lee algún día, sabrá algo de mí.


Nací en la ciudad de Béziers, hace 16 años, y este año, dice mi tío, que es el año 1225 de nuestro señor.

Hablo de mi tío porque no tengo padre, él murió poco después de nacer yo y mi tío ha sido como mi padre.

Mi madre es panadera y, hasta hoy, vivíamos en la misma casa donde mi madre vende el pan. Digo hasta hoy, porqué yo ya no voy a vivir con ella, hoy es mi primera noche en la nueva casa.

Mi tío vive unas cuantas casas más arriba, con mi tía Jacqui, que es la hermana de mi madre y mis primos Peire y Francine.

Mis primos se llaman igual que mis padres. Él también se llamaba Peire, aunque como era franco le llamaban Pierre, y por eso pusieron ese nombre a mi primo. Mi madre también se llama Francine, pero a mi prima la llamo Francis, aunque a ella no le gusta y solo me lo permite a mí.


Hoy estoy muy contenta, ha venido el Obispo Gilabert y todos lo hemos celebrado, pero la más feliz he sido yo, porque me ha dado el Consolhament.

Ha sido muy emocionante, estábamos todos reunidos en la nueva casa de la Gleisa de Dieu y el Obispo nos ha dirigido un sermón.

Después, con los hermanos y hermanas mayores, hemos entrado en una gran habitación todos los postulantes, dos chicos y tres chicas.

La habitación estaba oscura, pues no tiene ventanas y los hermanos mayores han encendido las velas, mientras el Obispo preparaba el ritual.

Cuando las velas han iluminado la estancia he visto al obispo que estaba delante de una mesa poniendo un libro sobre algo de metal que parecía un plato y después le ponía una tela encima. Después hizo lo mismo con otros cuatro libros, eran los libros sagrados que nos iban a entregar a los postulantes.

En el suelo había pintado un enorme círculo. Raimonda una de las hermanas mayores me ha cogido de la mano y me ha hecho poner dentro del círculo, he sido la primera en empezar la ceremonia.

Raimonda es una gran amiga de mi madre y me ha estado enseñando las escrituras, junto con mi tío. Ella es, a partir de hoy, mi hermana mayor. Siempre tengo que acompañarla y solo ella me instruirá a partir de hoy.


Una vez dentro del círculo los hermanos y las hermanas mayores también han entrado, junto con el Obispo, haciendo un círculo alrededor mío. El obispo llevaba el libro tapado en la mano y se lo ha dado a Raimonda.

Entonces el Obispo me ha preguntado si quería hacer el Melhorament y yo le he dicho que si.

Antes de hacer el Melhorament he tenido que hacer el Servisi y para ello me he postrado de rodillas en el suelo, con la cabeza agachada, contando mis faltas.

Cuando he terminado el Obispo me ha hecho las amonestaciones. Ha sido algo especial, parecía que mi vida cobraba una nueva visión, era una sensación de relajación, como si acabase de descargar un saco de harina y quitarme el peso de encima.

Al terminar el Servisi y la amonestación, el Obispo, en nombre de Dios y de su Iglesia me ha concedido el perdón por mis faltas.

Después, mientras el Obispo y los hermanos mayores iniciaban el cántico de las Germanas de Dieu, he realizado las tres postraciones para mi Melhorament.


Uno de los momentos más emocionantes ha venido a continuación, cuando el Obispo ha iniciado la Tradició dei Llivre. Raimonda ha alargado los brazos con el libro en sus manos, yo he puesto mis manos encima de la tela, y el Obispo me ha preguntado si iba a seguir las enseñanzas del libro y compartirlas con el resto de los hombres y mujeres que Dios pusiese en mi camino. Entonces yo he tenido que responder la frase que Raimonda me había enseñado para ese momento – En el nombre de Dios y su Iglesia me comprometo a seguir fielmente las enseñanzas del Nuevo Testamento, a compartirlas con todos los hombres y mujeres que Dios ponga en mi camino y defenderlas hasta el fin de mis días aunque ello me cueste la vida. – Después de lo cual el Obispo y todos los demás han respondido – Que así sea.

Aunque el libro ya era mío, lo iba a conservar Raimonda hasta el fin de la ceremonia, pues no podía tocarlo con mis manos hasta recibir el Consolhament.

Después el Obispo me ha dirigido un sermón sobre la Trinidad y como la tenemos que ver en nuestra Iglesia y, a continuación ha iniciado la Tradició de l’Oració.

Con esta Tradición el Obispo me ha transmitido el Pater Nostre, la oración que Jesucristo nos dejó como legado a los hombres.


Ya solo quedaba el final, el Consolhament, la parte más emotiva de todas.

Estaba tan emocionada que casi me sentía fuera de mi cuerpo, como si mi cabeza estuviese flotando y mirando la ceremonia desde fuera del círculo.

El Obispo ha destapado el libro, lo ha cogido y lo ha puesto encima de mi cabeza, mientras yo seguía arrodillada.

Todos han puesto la mano derecha sobre el libro, el Obispo y los hermanos y hermanas mayores, y han empezado las recitaciones. Primero el Benedicte, después tres veces el Adoremus y, para terminar, siete Pater Noster. Antes de dar por terminado el Consolhament, el Obispo ha leído el principio del Evangelio de San Juan.

Al final, el Obispo me ha quitado el libro de la cabeza, me he puesto de pie y me ha entregado el libro, ahora ya podía tocarlo con las manos, ya me había consolado. Mientras sucedía todo esto, todos juntos cantábamos el Tots som de Dieu.

Después, como una hermana ya consolada, me he incorporado al círculo para dar paso al siguiente postulante. Uno tras otro, con todos ellos hemos repetido la ceremonia y cada uno de ellos, una vez consolado, se incorporaba al círculo. Solo Anhês se ha quedado sin participar en una ceremonia de Consolhament como hermana, al ser la última en ser consolada.


Después de apagar las velas hemos regresado a la sala principal, donde nos esperaban los familiares y amigos, con los otros seguidores de la Gleisa de Dieu, para celebrar nuestra incorporación a la orden.

Mi madre me ha dado entonces mi zurrón, con mi túnica de repuesto, y he puesto dentro, con mucho cuidado, el libro. Me sabía mal porqué ella se iba a quedar sola en casa, yo me quedaba a vivir en la casa de la Gleisa de Dieu, con Raimonda, las otras hermanas mayores y Anhês y Guiraudeta, las otras dos postulantes que también han recibido hoy el Consolhament. Los otros dos chicos que también lo han recibido se han trasladado a vivir a la otra casa, donde están los hermanos mayores.


Acaba de entrar Raimonda en mi celda, me ha dado las buenas noches y me ha avisado que la vela se está terminando, así que me voy a dormir, espero poder continuar mañana. También me ha dicho que me va a dar más hojas para que pueda seguir escribiendo, le ha gustado la idea de que escriba lo que me ha pasado durante el día.