Vanessa, el descubrimiento

mayo 26, 2013 under Relatos de Historia

Catarismo, el sitio. Relatos de Gloria CorronsVANESSA… Edescubrimiento

Utopía, 2000 d.C.

– No puedes vivir dándole la espalda al futuro .
– El futuro… es una obsesión general. La gente solo desea conocer el futuro para poder controlarlo y aumentar su sensación de seguridad. ¿No sería mejor que nos preocupásemos un poco más del presente?
– Vanessa, estamos en el umbral de la revolución de la información, solo ella nos abrirá la puerta a ese inevitable futuro y solo el ordenador con su impresionante capacidad de almacenar conocimientos puede abrir esa puerta. El que no lo comprenda así se quedará fuera. Hoy en día hasta los niños disponen de juguetes informatizados.
– Prefiero no entrar en ese mundo futuro de máquinas y de robots, con gente viviendo en celdas individuales como gallinas y comunicándose entre si por vídeo teléfonos.
– No te preocupes, los humanos somos animales sociales, acabaríamos por salir de nuestras celdas y volver a modelar una sociedad a nuestro gusto, pero por medio de los ordenadores podremos ponernos en contacto con multitud de personas de otros países. Además, también podemos acceder a cursos a distancia en otros países e introducirnos en centenares de bibliotecas a las que nunca podríamos visitar, conocer gente que jamás podríamos conocer, convirtiendo así a tu odiado ordenador en un utensilio vivo y humano.
– Sigo opinando que prefiero la forma clásica de hacer amistad.
– Me gustaría a mi saber cuantos amigos nuevos has hecho desde que te separaste de tu marido. Apenas si tienes tiempo ni de respirar. Vas del trabajo a casa y de casa al trabajo como un verdadero robot, no dispones ni de un segundo para ti misma o para los demás, y los fines de semana estas tan cansada entre la oficina, la casa y los niños, que te pasas los dos días durmiendo delante de la televisión.
– ¿Y tu crees que con uno de esos chismes, mi vida podría ser diferente de lo que ha sido hasta ahora? .
– Bien, solo tienes que fijarte en mi. Trabajo en mi propia casa, no gasto ni tiempo ni dinero para desplazarme a mi oficina porque envío desde mi ordenador el trabajo al punto central de recogida de datos por medio del teléfono. He podido escoger una vivienda lejos de la empresa y no tengo que sufrir las aglomeraciones de tráfico de la entrada de las grandes ciudades. Y además así contribuyo a reducir contaminación. Cuando llega el fin de semana estoy descansada y animada para salir o para dedicarme a mi familia.
– Todo esto es muy bonito, pero creo que tu punto de vista es muy egoísta y yo me pregunto hasta que punto la gente se verá reemplazada en el trabajo por los ordenadores y estos serán la causa de un creciente desempleo.
– Naturalmente que los ordenadores ya están originando modificaciones en las condiciones de trabajo, pero alguien tiene que diseñar, construir, vender, instalar, mantener, reparar y suministrar repuestos para los ordenadores. Y las personas que se ocupen de todo esto tendrán también que alimentarse, vestirse y equiparse, lo que indudablemente creará puestos de trabajo en otras áreas. La situación mejorará a largo plazo, como siempre ha ocurrido cada vez que ha aparecido un invento importante.
– Así pues, y según tus teorías, el ordenador es la solución a todos los problemas de la gente.
– A todos no. Como sucede con cualquier herramienta de trabajo, esta puede ir en contra del mismo individuo si se utiliza mal. Las tecnologías no bastan para resolver nuestros problemas, esto sólo puede hacerlo las personas.
– Para resumir nuestra conversación, podríamos decir que hay gente que ve ese misterioso futuro del que hablábamos en color negro y otros en color de rosa. Y yo soy de las que lo veo de un negro profundo, porque hace tiempo que dejé de creer en la Humanidad.
– Y curiosamente empezaste a pensar así en el momento en que Oscar te abandonó para irse con otra.
– Quizás tengas razón, pero te confesaré que el futuro en realidad no me preocupa, porque tengo la certeza de que está determinado de antemano. Precisamente por esa famosa acumulación de conocimientos y el mal uso que hacemos de ellos. Estoy segura de que la especie humana está condenada a un holocausto nuclear. Creo que no hay futuro en absoluto.
– Y yo creo que todo depende de nosotros mismos, la tecnología debe de estar siempre a nuestro servicio, nunca nosotros al suyo.
– ¿Y eso como se consigue, amiga mía?
– Probablemente adaptándonos al cambio de un modo inteligente y que sirva para favorecernos, pero nunca dándole la espalda al progreso.

Cuando su amiga se fue, Vanessa ya había decidido comprarse uno de aquellos malditos chismes que tanto detestaba. En realidad no le convencían ninguno de sus argumentos en favor de los ordenadores, sino precisamente uno de los comentarios al margen de los mismos. Había aparentado indiferencia al escucharlo pero en realidad le había dolido extraordinariamente. No quería admitir que desde la partida de Oscar, su ex marido, había perdido la ilusión por todo lo que la rodeaba, incluso por sus propios hijos.
Cuando él se fue de casa para siempre, la sensación de fracaso, amarga e intensa, la envolvió como una segunda piel, aunque ni ella misma quería reconocerlo.
Así pues se compraría una de aquellas máquinas, sólo para demostrarse a si misma que seguía abierta a la vida e intentaría creer que algo o alguien podría ayudarla a salir del negro agujero en que se había enterrado voluntariamente, aún sabiendo de antemano que solo la vuelta de su marido podría hacerla ser la de antes.
Se lo acababan de traer de la tienda y aún no lo había estrenado. Ya antes de sacarlo de la caja se dio cuenta de que en realidad ella no quería comprárselo, había aceptado el reto de la prueba más por amor propio que por convicción, pero seguía siendo reacia a toda aquella clase de aparatos.
Lo sacó de su interior con mucho cuidado. Pesaba una barbaridad y estaba tan bien embalado que le costó un rato deshacerse de todo aquel cartonaje y cintas adhesivas. Cuando lo tuvo frente a sí, sin todo el envoltorio que lo ocultaba, lo miró fríamente observándolo, y curiosamente le pareció que el ordenador también la observaba. Le dio la sensación de que a él, ella le gustaba tan poco como a la inversa.- “¡Qué tontería!” – dijo en voz alta -. “¿Pues no me parece que este intruso es humano? ”
Se sentó frente a él y lo puso en marcha. Había estado tomando clases para manejarlo, no era torpe y no le había costado demasiado familiarizarse con aquel nuevo lenguaje. – “Bien, este es el momento de empezar a conocernos tú y yo”- le dijo a la máquina, olvidándose de que no quería darle trato de persona.
En la pantalla comenzaron a aparecer letras diversas que indicaban la capacidad del mismo como si fuera una tarjeta de presentación. Después tecleó el programa que quería utilizar y con asombro, en lugar de aparecer leyó lo siguiente: “No voy a obedecerte”.
Los ojos se le dilataron. – “Debo haber hecho algo equivocado” – pensó y volvió a teclear el nombre del programa y esta vez leyó: “Tú a mí tampoco me gustas, no voy a ser tu amigo, no insistas, no te obedeceré”
-“No es posible, debo de estar soñando. Me responde como si leyera mis pensamientos, como si él también los tuviera”- Un sudor frío le humedeció la frente, insistió varias veces más y siempre obtuvo la misma respuesta.
– “Estoy volviéndome loca, ya me habían dicho que al contacto de esos chismes uno acaba por trastornarse -” Cerró el aparato y comenzó a dar vueltas nerviosamente por la habitación sin saber que hacer. Como ya era muy tarde decidió que lo mejor era irse a dormir y que al día siguiente lo vería todo más claro.
Pero durmió muy mal y tuvo unas pesadillas horribles. Soñó que vivía en un mundo lleno de ordenadores que la odiaban y que la esclavizaban ordenándole toda clase de trabajos terribles. Cuando se despertó lo primero que hizo fue mirar al ordenador con odio. “ Me has hecho pasar una noche espantosa”.
Se dirigió decidida hacia él y lo puso en marcha. Todo parecía normal hasta el momento en que tecleó el nombre del programa. Esta vez leyó en la pantalla: “Yo también te odio a ti y no te obedeceré nunca”.
Entonces, venciendo su asombro y decidida a entrar en aquel mundo de irrealidad que no comprendía, pero que era evidente existía, tecleó: “¿Cómo puedes conocer mis pensamientos?”
“ Si quieres saberlo, aprieta la tecla roja de la derecha”- Sin dudarlo un instante, ni pararse a reflexionar si era prudente hacerlo, Vanessa apretó la tecla indicada. Entonces todo explotó a su alrededor y ella se encontró dando vueltas vertiginosamente por la habitación, convertida en chispas de luz.
Cuando todo pareció calmarse, abrió los ojos. Su sorpresa fue mayúscula: no podía creer lo que estaba viendo, la habitación seguía igual, con la excepción de estar situada al revés, como si la mirase desde el otro lado de un espejo. Sólo había una diferencia importante, su cuerpo había cambiado, ya no era una persona, aunque seguía sintiendo como tal, sino un ordenador. No veía sus manos, ni sus piernas, solo los extremos de una pantalla rodeándola y el latido de su corazón se había convertido en impulsos eléctricos. Pero lo más increíble de todo es que frente a ella, en el lugar donde Vanessa se había sentado antes, había un desconocido que la miraba sonriendo y que tecleaba lo siguiente: “Ahora tú ya eres yo y yo ya soy tú, ahora conocerás la respuesta por ti misma.” – Y después, aquel ser misterioso apagó el ordenador.
Vanessa se abrió a una dimensión desconocida. Ya no tenía cuerpo era solo pensamiento. Las cosas que la rodeaban en aquel nuevo estado eran completamente diferentes, nada era verdaderamente sólido como antes aparentaba ser cuando lo veía con ojos humanos. Los objetos estaban compuestos de moléculas que danzaban y se movían y su pensamiento era también parte de esta sustancia. El tiempo tampoco existía donde ella se encontraba. Se dio cuenta entonces que todo lo que conocemos sobre la vida no es más que una ilusión forjada por nosotros mismos y el tiempo solo una creación del hombre motivada por sus limitaciones físicas. Esta conciencia de la verdadera realidad le resultaba inalcanzable antes con sus cinco sentidos, cuando vivía aprisionada en el mundo de la forma. No sabía porque ella se hallaba allí, ni porque de pronto se le había descubierto todo aquel conocimiento. Pensó que, probablemente, la mujer que un día fue, llamada Vanesa, estaba muerta, pero el temor a la muerte desapareció también porque había tomado conciencia de que el pensamiento no puede morir, ya que era la energía de la que se componía la propia existencia del Universo.
Y comprendió entonces, que todos los seres, aún comportándose como singulares y únicos, estaban conectados a la vez con todos los demás, al igual que las partículas subatómicas en un átomo, en una molécula, en una célula, en un ser, en un universo funcionando de una manera sincronizada. Y comprendió, sobre todo, que el pensamiento y la forma eran una misma cosa y ella era en realidad algo divino conectado con el Gran pensamiento universal

El ordenador volvió a encenderse y Vanessa contempló otra vez frente a sí de la cara del desconocido, pero ya no sintió ningún odio hacia él. Se dio cuenta de que la imagen de aquel ser extraño había sido el reflejo de todas sus torturas y frustraciones. Y ahora que su pensamiento había cambiado, aquel ser, aunque era el mismo de antes, también parecía distinto. Ahora solo veía reflejado en su rostro su propia paz interior.
Aquel ente extraordinario se inclinó sobre el teclado y escribió un mensaje, corto y expeditivo: “Vanessa, despiértate”
Entonces despertó, con ojos soñolientos y aturdidos. Observó su habitación sorprendiéndose al verla exactamente igual que siempre. Solo el ordenador aparecía en el suelo, dentro de su caja aún sin abrir. Poco a poco comprendió que había estado soñando.
Se levantó rápidamente de la cama y se miró al espejo para convencerse de que volvía a estar dentro de su cuerpo. Se contempló durante largo rato, tenía la misma cara pero ahora había aprendido a ver algo más a parte de aquellos ojos y aquel cuerpo que la miraban desde el otro lado del espejo.
“ Esta noche he tenido un sueño muy extraño” – dijo en voz alta, hablando con su propia imagen reflejada: “Ahora sé que mi vida es el sueño de Dios y que solo en mis manos esta convertirlo en un sueño maravilloso o en una pesadilla”.
E inclinándose sobre el ordenador comenzó pacientemente y con mucho cuidado a sacarlo de su envoltorio. La aparición de aquella máquina en su vida no era un acontecimiento fortuito. Ahora sabía que su mente era una fuente de energía, una eterna conexión con la inteligencia divina que se halla dentro, delante y detrás de la forma. Ahora sabía también, que con una actitud positiva, podía cambiar su futuro, porque lo que determinaba la calidad de su vida no era el mundo que la rodeaba, sino la manera que había elegido vivirlo.

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El negro que antes imaginaba había dado paso a un brillante color.

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